Alavés-Osasuna 5-2: una sola llegada al área, cinco goles
Análisis

Alavés-Osasuna 5-2: una sola llegada al área, cinco goles

Los goles esperados dicen 1,60 contra 1,64: un partido en perfecto equilibrio. El marcador dice 5-2. El Alavés hizo llegar un pase a la última zona del campo una sola vez en noventa minutos, y marcó cinco. Al otro lado, los seis remates de Ante Budimir valen 1,62 de los 1,64 goles esperados de todo el Osasuna.

El veredicto, antes de los números

En Mendizorroza el Alavés ganó 5-2 a un Osasuna que aún no había perdido.

Lucas Boyé en el 26, Mariano en el 35, otra vez Boyé en el 51 y en el 68, Pablo Ibáñez en el 90. Por el Osasuna, Ante Budimir en el 46 y de penalti en el 63.

Triplete de Boyé. Primera derrota de la temporada para los rojillos.

Alavés-Osasuna 5-2: la comparación estadística completa con goles esperados, ocasiones claras, remates, remates a puerta, llegadas al área y presión

El número: 1

Uno es el número de veces que el Alavés hizo llegar un pase a la última zona del campo. En todo el partido. Y marcó cinco goles.

El dato hay que explicarlo, porque por sí solo parece imposible. La medida cuenta los pases completados dentro de unos veinte metros de la portería, y no cuenta los centros. No es, por tanto, el número de veces que el Alavés se acercó a la portería: es el número de veces que llegó allí jugando el balón.

Una. Y ese es justamente el punto: este equipo ni siquiera lo intenta.

No es la rareza de un domingo. En llegadas al área el Alavés va por dos, dos, dos y uno en las primeras cuatro jornadas. En la tercera ganó 1-0 al Villarreal concediendo diecisiete y haciendo dos. Es una manera de estar en el partido, y es coherente.

El resultado, en cambio, nació en otro sitio. Estos son los cinco goles y lo que valía cada uno.

Boyé en el 26 — un derechazo desde fuera del área, sin nadie encima, raso y cruzado: 0,037. Algo menos de cuatro centésimas.

Mariano en el 350,171. Nace de un saque de puerta del meta Antonio Sivera y de un error grave de Alejandro Catena, que le deja el balón al delantero.

Boyé en el 51 — otro zarpazo desde fuera, casi por la escuadra: 0,023. Dos centésimas y media.

Boyé en el 68 — cabezazo a centro de Ángel Pérez: 0,444.

Ibáñez en el 90 — otra vez de cabeza, otra vez a centro de Ángel Pérez: 0,550.

Dos disparos desde fuera que, sumados, valen seis centésimas de gol y entraron los dos. Un gol de un error. Y dos cabezazos que son las dos únicas ocasiones serias que produjo el Alavés en noventa minutos.

Quién creó, a un lado y al otro

Alavés-Osasuna: goles esperados y goles marcados divididos por quién los produjo, con los seis remates de Budimir separados del resto del equipo

Este es el gráfico que más nos ha llamado la atención.

Ante Budimir remató seis de los siete disparos del Osasuna, y esos seis valen 1,62 de los 1,64 goles esperados de todo el equipo. El único otro remate rojillo, de Asier Osambela en el 87, vale dos centésimas.

No es una manera de hablar: el ataque del Osasuna, esa tarde, fue un hombre solo. Budimir abrió con la ocasión más clara del partido en el 3 — 0,458, el disparo que Sivera desvió con el brazo en su salida — y cerró con dos goles.

Al otro lado la concentración es distinta, pero existe. Los dos centros de Ángel Pérez valen por sí solos 0,99, es decir, más de la mitad de todo lo que produjo el Alavés. Los otros diez remates juntos valen 0,61 y dieron tres goles.

Cómo se movían los equipos

El Osasuna de Luis Miguel Ramis está construido alrededor de un delantero, y no lo esconde.

Ramis llegó en verano desde el Burgos, en lugar de Alessio Lisci, con la idea de un equipo reconocible, intenso y equilibrado. Su dibujo es un 4-2-3-1 que se convierte en 4-4-2 sin cambiar casi nada, y la previa de temporada de un medio deportivo español describía con precisión el papel del croata: el faro al que mirar cuando el equipo necesita goles y resultados.

El domingo el faro cumplió. Dos goles, seis remates de siete, prácticamente toda la producción ofensiva del equipo. Y el equipo perdió 5-2.

Es el límite del diseño, y el partido lo mostró de forma casi didáctica: si el único que remata es el delantero centro, cuando el rival marca tres veces no hay ningún otro sitio del que puedan salir los goles para remontar.

El Alavés de Quique Sánchez Flores es, en cambio, un equipo al que no le interesa el balón.

La agencia española resumía así en agosto la temporada que iba a empezar: continuidad, pocos cambios, y una sola duda de verdad — si el técnico mantendría el 5-3-2 al que había recurrido de urgencia el año anterior para enderezar al equipo, o si saltaría a un 4-4-2 con más presencia en las bandas.

El mismo texto señalaba un problema que el domingo se vio en el otro lado del campo: con un defensa que se marchó y Facundo Garcés sancionado, el Alavés ha tenido que alinear a laterales adaptados en el centro de la defensa.

Lo que pasó en el campo, sin embargo, lo cuentan mejor los dos diarios navarros.

El análisis del periódico de Pamplona es durísimo con su propio equipo, y va al grano: en Primera División no te pueden meter dos goles de dos saques de puerta. El primero con un error de Enzo Boyomo, el segundo con el de Catena. Y sobre todo: el Osasuna no puede permitirse perder así las jugadas por alto, ni dejar que los delanteros rivales se impongan con esa facilidad.

El mismo texto añade un detalle que parece una anécdota y no lo es: el Osasuna eligió jugar la primera parte de cara al sol. El analista lo califica de descuido importante, y lo relaciona con una jugada en la que el portero Sergio Herrera casi se mete el balón en su propia portería por medir mal un salto.

Nuestro dato coincide con esa lectura sobre los duelos, y la confirma desde el lado contrario: las dos únicas ocasiones de verdad que construyó el Alavés son dos cabezazos a centro, 0,44 y 0,55, y los dos acabaron dentro.

Donde las fuentes no coinciden

Aquí hay un contraste claro, y los números tienen algo que decir.

La previa de temporada de principios de agosto describía un Osasuna con una base sólida, pocas modificaciones necesarias respecto al año anterior, un equipo bien trabajado y capaz de aguantar físicamente hasta el final.

El análisis del diario navarro, el domingo por la noche, sostiene lo contrario: que los siete puntos iniciales habían tapado carencias ya vistas en pretemporada y en años anteriores, y que el Alavés simplemente las fue sacando a la luz una tras otra.

En nuestra opinión, en este punto, los números están del lado de la primera lectura, y lo decimos habiendo visto un 5-2.

El Osasuna llegaba a Vitoria con siete puntos en tres partidos. Los puntos esperados de esos mismos tres partidos son 7,13. Es decir: ese botín no estaba inflado por ninguna fortuna, era exactamente lo que valían las actuaciones. En Balaídos había ganado 2-1 produciendo 1,90 goles esperados contra 0,11, una de las actuaciones a domicilio más netas de la liga hasta ahora.

Y el domingo el Osasuna concedió 1,60 goles esperados. No es el dato de una defensa arrollada: es una tarde normal, en la que entraron cinco balones.

Nuestra lectura es que las costuras que se vieron no afectan al armazón, sino a los duelos y a los errores individuales. Son dos problemas distintos. El segundo se corrige en una semana. El primero no.

El contexto de la temporada

El Alavés tiene diez puntos en cuatro jornadas, de 7,56 esperados. Está sacando más de lo que produce, y ese margen en algún momento se cierra.

El Osasuna tiene siete puntos de 7,13 esperados, es decir, está exactamente donde merece, y la derrota de Vitoria casi no ha movido ese juicio: los puntos esperados del partido eran 1,32 contra 1,39, prácticamente un empate.

El 5-2 es el resultado más desajustado respecto al rendimiento de toda la jornada de Liga.

El punto honesto

El riesgo, con un partido así, es contarlo como si al Osasuna le hubieran robado. No fue así.

Perder dos balones de esa manera en los saques del rival es un error que se paga, y pagarlo dos veces en el mismo partido no es mala suerte. Perder dos cabezazos a centro dentro del área, y verlos valer casi un gol esperado entero, no es mala suerte. El Alavés hizo pocas cosas, las hizo bien y las hizo todas contra el mismo rival la misma tarde.

Lo que es injusto es la proporción. Con los mismos remates, una tarde cualquiera, este partido acaba 2-2 o 2-1.

Nuestra lectura, que es una opinión. El problema del Osasuna no nos parece la defensa, ni el sistema. Nos parece la ausencia de un segundo hombre que remate. Un equipo en el que el delantero centro produce el 99% de los goles esperados gana cuando él marca y pierde cuando no marca — y el domingo marcó dos veces, lo que debería bastar, y no bastó porque detrás de él no había nadie más. Si Ramis encuentra un segundo terminal, los siete puntos de 7,13 se convierten en una base seria. Si no lo encuentra, este equipo dependerá de Budimir hasta mayo.

Con el Alavés somos cautos en la dirección opuesta. Dos goles desde fuera del área que valían seis centésimas en total no vuelven la próxima jornada. Pero cuidado con despacharlos como pura suerte: un equipo que llega al área una vez por partido y está en diez puntos está haciendo algo que los goles esperados no miden bien. Merece la pena mirarlo otra vez antes de decidir.

Una última nota, que no es un número. El quinto gol lo marcó Pablo Ibáñez, que se formó en Osasuna. No lo celebró.

Sobre los minutos de los goles coinciden la crónica del diario navarro y las fichas oficiales de LaLiga. Nuestra fuente estadística, como siempre, los registra un minuto antes.


La cuenta entre resultados y rendimiento la mantenemos actualizada en el Meritómetro. Quien quiera los números en bruto, sin el relato alrededor, los encuentra en la Nerd Zone.