El domingo por la tarde en el Raymond-Kopa hacía tanto calor que en la primera parte el árbitro paró el partido para que los equipos pudieran beber. Cuando se reanudó el juego, el Rennes ya ganaba por 2 goles.
Stéphane Gilli, al final del partido, lo dijo sin rodeos: hasta esa pausa su Angers había sido pasivo, bajo, siempre tarde sobre el poseedor del balón. Durante la pausa pidió a los suyos una cosa sencilla, que se hundieran un poco menos.
A partir de ahí el Angers se levantó, recortó distancias, y en el 93' tuvo en la cabeza de Usman Simbakoli el balón del 2-2. Brice Samba se interpuso, cinco minutos después de que el larguero ya hubiera rechazado otro cabezazo del propio Simbakoli.
Termina 1-2. Pero, mirado desde los dos lados, son dos partidos distintos.
El partido que Haise eligió jugar
El Rennes de Franck Haise es un 4-3-3, y el domingo lo fue hasta el final: Samba en la portería, Frankowski, Cresswell, Rouault y Merlin atrás, Rongier delante de la defensa con Camara y Szymanski a los lados, Blas, Lepaul y Al-Tamari arriba.
La idea con balón es fácil de explicar y difícil de frenar. El mediocentro se incrusta entre los centrales, la salida pasa a ser de tres y los dos interiores quedan libres para subir entre líneas. En las bandas se forman triángulos que rotan: el lateral, el interior y el extremo se intercambian la posición, el extremo corta hacia dentro para tener ocupados a los centrales y un centrocampista se abre para centrar.
Sin balón es todavía más reconocible, porque es lo mismo que Haise hacía en el Lens. Los 3 de arriba se cierran y tapan los pases por dentro, el rival se ve obligado a abrir el juego, y en cuanto el balón llega a la banda el lateral y el extremo lo encierran contra la línea de cal.
El Angers de Gilli querría hacer justo lo que esa presión castiga: salir en corto desde atrás, con el balón pasando siempre por Branco van den Boomen, el organizador neerlandés colocado delante de los centrales. El domingo, ahí en medio, el balón casi nunca le llegó limpio.

El número que explica este partido está en el centro del gráfico: 12 entradas en el área del Rennes, 1 del Angers. Por entrada entendemos un balón jugado cerca de la portería rival sin pasar por un centro, es decir, el equipo que llega al área con el balón en el suelo, por la puerta principal. En 90 minutos el Angers lo consiguió una vez.
El lateral que Haise se sabe de memoria
El primer gol es el manual de todo esto. Al-Tamari y Szymanski combinan, Szymanski llega al centro, y dentro del área, a unos quince metros de la portería, está Frankowski. El lateral derecho. Control con la derecha, media volea con la izquierda, 0-1 en el 9'.
Frankowski no llegó ahí por casualidad. En el Lens, con Haise, fue durante años el carrilero de una defensa de tres. Ahora la defensa es de cuatro y él, sobre el papel, es un lateral, pero el domingo a nosotros nos pareció todavía el carrilero del Lens: cuando el balón está en el otro lado, él entra, y nadie lo sigue.
Ocho minutos después el segundo nace en la banda contraria. Centro de Al-Tamari desde la izquierda, Jordan Lefort intenta anticiparse y la mete en su propia portería.
Aquí aparece la primera curiosidad de los números. Los 2 goles del Rennes suman juntos 0,06 goles esperados: el disparo de Frankowski, que el modelo considera difícil, y un gol en propia puerta, que por definición no cuenta. Las ocasiones de verdad el Rennes las tuvo y las falló. Anthony Lopes le paró 3 a Lepaul, en el 5', en el 31' y en el añadido de la primera parte, y la primera era un cabezazo desde pocos metros. Al final el Rennes generó 2,37 goles esperados y marcó con sus propios pies un solo gol, el más difícil.
La puerta de atrás
Si el Rennes entraba por la puerta principal, el Angers encontró la de atrás.
Dos tercios de sus goles esperados nacen de córner: 7 tiros, casi todos de cabeza. En jugada, en 90 minutos, el Angers juntó medio gol esperado.
El gol de Carlens Arcus llega de ahí. Córner de van den Boomen, el lateral derecho que llega a la carrera y la remata de cabeza hacia el suelo, 1-2 en el 35'. Llegó poco después de la pausa, o sea, en cuanto el Angers dejó de hundirse y empezó a ganar algunos metros, y con los metros algún córner.
Lo del domingo no fue una excepción. En las 3 primeras jornadas casi la mitad del peligro creado por el Angers nació de un balón parado, y solo el Brest depende más de la estrategia. Al mismo tiempo, el Angers es el equipo de la Ligue 1 que menos entra en el área en jugada: 12 veces en 3 partidos, nadie ha hecho menos.

También en esto hay una lógica. Gilli tiene arriba a tres delanteros de 1,88, Amine El Ouazzani, Prosper Peter y Simbakoli, y a van den Boomen para sacar. Si el balón por el suelo no pasa, el área rival se convierte en un sitio al que se llega de otra manera.
Los 10 minutos de Simbakoli
En el 83' Gilli quita a Amine Sbaï y mete a Simbakoli. El mensaje es claro: el empate no llegará con el balón en el suelo, así que dentro del área hace falta alguien que la gane de cabeza.
En los 10 minutos que quedan Simbakoli remata 3 veces, siempre de cabeza. En el 88' de córner, y encuentra el larguero. En el 90'+3 otra vez de córner, y encuentra a Samba. En el 90'+4 tras un saque de banda, y encuentra a Rouault, que se interpone. Juntos suman 0,84 goles esperados, casi lo mismo que el Angers había juntado en todo el resto del partido.
Ahí está el defecto del Rennes. En la segunda parte no inquietó nunca a Lopes, y pasó el último cuarto de hora defendiendo balones altos en su propia área.
Y es un problema que arrastra. En estas 3 primeras jornadas el Rennes es el quinto equipo de la Ligue 1 en goles esperados concedidos a balón parado. Haise lo sabe, y al final del partido lo planteó así: si el Rennes consigue mantener su nivel técnico y su agresividad también cuando va por delante, tendrá menos momentos difíciles, «o, en todo caso, no le ofreceremos tantas cosas al rival».
Siendo honestos
Nuestro 2,37 para el Rennes se apoya mucho en ese cabezazo de Lepaul en el 5', que el modelo valora en 0,77 por sí solo: un tercio del total. Sin él, los dos equipos generaron más o menos lo mismo. El dominio del Rennes existió, pero está más en el control del juego que en la cantidad de ocasiones.
También el 12 contra 1 hay que leerlo con cuidado. La entrada en el área, tal como la contamos nosotros, no tiene en cuenta los centros, y el Angers es un equipo que ataca centrando. La distancia entre los dos equipos existía, pero ese número la exagera un poco.
Y está la lectura de Gilli, que no hay que tirar a la basura. Contra el Lille y el Rennes, los dos equipos que han llegado a 7 puntos sin perder, el Angers se creó bastantes situaciones, y según él falta precisión en las dos áreas. En parte tiene razón: el Angers ha generado 5,50 goles esperados en 3 jornadas y ha sumado 3 puntos, uno menos de lo que esos números le habrían dado. Pero la mitad de ese peligro llega a balón parado, y los córners no se repiten a voluntad.
El Rennes llegó al parón con 7 puntos, casi 2 más de los que valían sus goles esperados. Es un equipo de verdad, que sabe qué hacer con el balón. Pero hasta ahora ha recogido un poco más de lo que ha sembrado, y los partidos los cierra mal.
El sábado el Angers juega en Le Havre, ante una defensa que en 3 partidos ha concedido casi 7 goles esperados. Allí la puerta principal debería estar abierta. Veremos si el Angers todavía sabe dónde está, o si seguirá llamando a la de atrás.
T.L.
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