El número con el que habíamos abierto la previa era 9: las entradas al área concedidas por la Roma en cuatro jornadas, poco más de dos por partido, el dato defensivo más extremo del campeonato. La pregunta que salía de ahí era simple y medible, y la habíamos escrito así: el partido no lo decide quien marca, lo decide quien logra llegar al área.
El Inter llegó 9 veces en una sola noche.
El veredicto, antes de los números
Termina 2-2 con los goles esperados que dicen 2,31 para la Roma y 2,59 para el Inter, y los puntos esperados 1,19 contra 1,58. Es un partido que el Inter mereció ganar por poco, y que la Roma levantó dos veces después de haberse puesto por delante ella primero.
Las entradas al área son 13 a 9 para los giallorossi, y para la Roma es el número normal de este arranque. Para el Inter no: 9 es lo que la defensa de la Roma había concedido en cuatro partidos enteros.

El número: 1,32
Uno coma treinta y dos es lo que valen, sumadas, las dos ocasiones que el Inter desperdició en la misma jugada a un cuarto de hora del final, con el 2-2.
Un córner, un peinado, el cabezazo de Lautaro Martínez desde distancia cercana: 0,672, es decir, dos de cada tres son gol. El balón pega en el palo. En el rechace llega Akanji a botar seguro, 0,650, y la manda fuera. En el mismo asalto hay también un cabezazo de Thuram de 0,132 y un remate bloqueado de 0,076.
Cuarenta segundos que valían, por sí solos, más de un gol y un tercio. Para entender la medida: en todo el partido del jueves contra el Torino la Roma había producido 2,33 goles esperados en noventa minutos.
Cómo el Inter entró donde no entraba nadie
La Roma presionó como siempre, PPDA 8,0, y durante media hora hizo el partido que hace desde hace un mes: recuperaciones altas, balón dentro, dos goles de Kouadio Kone, el primero de 0,386 a los cinco minutos y el segundo de 0,536 poco antes de la media hora.
El Inter hizo lo contrario: PPDA 21,5, es decir, casi nunca fue a buscar a la Roma en su mitad del campo. Aceptó quedarse baja, dejó que la Roma se estirara, y empezó a salir a campo abierto. Es la lectura que ninguna de las primeras cuatro rivales giallorossi había tenido, o sabido, aplicar: contra un equipo que te viene a buscar a veinte metros de tu portería, la forma de llegar al área no es construir, es salir a la contra.
De ahí nacen las ocasiones nerazzurre del primer tiempo, el disparo de Bisseck de 0,310 servido por Lautaro y sobre todo el error de Lautaro de 0,474 a la media hora, la ocasión más grande de los primeros cuarenta y cinco minutos. Y de ahí nace el gol que reabre el partido justo antes del descanso, un zurdazo de 0,140 a pase de Thuram.
En la segunda parte el guion se repite con un detalle más: el Inter empieza a hacer daño desde los córners, que son la forma más sencilla de entrar al área cuando el rival te concede poco en jugada elaborada. La secuencia del palo de Lautaro nace de ahí.
Qué le queda a la Roma
El liderato defensivo no se ha derrumbado, se ha redimensionado: después de cinco jornadas la Roma ha concedido 5,56 goles esperados y 18 entradas al área, y siguen siendo de todos modos los mejores números de la Serie A. Pero la mitad de esas 18 llegaron el sábado.
Delante el discurso es otro, y tiene que ver con un jugador. Paulo Dybala ha disparado otras cinco veces sin marcar, y ha servido a sus compañeros cuatro ocasiones entre ellas el derechazo de Mancini de 0,450 a la media hora. En la temporada vamos por 18 remates, cero goles, 1,86 goles esperados, y 20 ocasiones servidas para 4,21 goles esperados: es de lejos el primer asistente del campeonato y todavía no tiene un bonus en el bolsillo.
La Roma sigue con 13 puntos y 12,36 esperados, es decir, sigue recogiendo casi exactamente lo que produce. El Inter sube a 13 puntos desde 11,12, y ha marcado 15 goles en cinco partidos.
El punto honesto
Primero, un hueco en los datos y lo decimos ya. Nuestra lista de remates contiene un solo gol del Inter, no dos: falta el segundo. Por eso no encontraréis aquí el valor en goles esperados de la red del 2-2 nerazzurro, ni una suma de los tiros que cuadre con los totales del partido. Los datos de equipo, que vienen de otro campo, siguen siendo fiables, y el resultado es 2-2.
Segundo, la lectura opuesta. Se puede decir que nueve entradas al área concedidas en una noche contra el Inter no son un desmoronamiento sino la normalidad: el Inter es el equipo que más produce en Italia, y pedirle a una defensa que lo mantenga a dos balones en el área es pedir demasiado. En esta lectura la Roma hizo un partidazo y empató contra el único equipo del campeonato a su altura.
Tercero, nuestra opinión. Lo que nos interesa no es el número en sí, es que la forma de llegar a él fue distinta: el Inter no superó el pressing de la Roma jugándole de tú a tú, lo superó renunciando a presionar a su vez y esperando los espacios. Es un plan copiable, y desde el lunes los próximos cinco rivales de la Roma tienen una cosa más que estudiar.
Y luego está esa secuencia de cuarenta segundos. Un palo y un tap-in fallado valen, en la cuenta de las ocasiones, más de un gol y un tercio. La diferencia entre un empate y el liderato en solitario, el sábado, estuvo toda ahí.
T.L.
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